En multitud de ocasiones hemos leído traducciones de textos que no se corresponden con su original o que resultan pesadas de leer. Los grados en los que se puede valorar una mala traducción son varios; las traducciones malas pueden proceder de los traductores automáticos, de una traductor que se pega mucho al texto original o que utiliza en exceso los diccionarios o en defecto o simplemente de traductores que no están especializados en el campo que están traduciendo.

Una de las claves para fidelizar a nuestros clientes reside en contar con buenos traductores que permitan garantizar la calidad de las traducciones que les entregamos. Para elegir a un traductor que nos garantice absoluta calidad en sus traducciones y poder incorporarlo a nuestra cartera, tenemos que establecer una serie de procedimientos a la hora de seleccionarlo.

Para elegir a un buen traductor, lo primero que debemos hacer es pedir referencias de su trabajo a otras agencias de traducción o a sus clientes directos y comprobar que lo que dice en su CV es cierto. En el CV podremos ver las combinaciones de idiomas con las que trabaja. Aquellos que abarcan muchas combinaciones no suelen ser buenas elecciones y los que ofrecen traducciones de varios campos tampoco lo son. Lo ideal es que un traductor se centre en una combinación de idiomas y como mucho en 3 campos de especialización. Por ejemplo, un traductor de Inglés a Español que trabaje los campos jurídico y económico será muy buena elección.

Una vez mostrado interés por un candidato, debemos hacerle una prueba de traducción que deberá supervisar un traductor/revisor con experiencia en el campo de la prueba que hemos enviado al traductor.

Por otro lado, los traductores deben ser meticulosos en su trabajo y conocer todos los vericuetos de su lengua materna o legua hacia la que traducen. Asimismo, deberán demostrar gran conocimiento de la lengua de la que traducen.
La profesionalidad de un traductor es indispensable en el sector de la traducción. El traductor con el que trabajemos debe entregar los encargos para los que es contratado con escrupulosa puntualidad. Los ritmos de trabajo diarios de cada traductor deben ser realistas