Con el objetivo de garantizar un servicio de traducción de máxima calidad no es suficiente con que nuestros jefes de proyecto y traductores sean nativos y además estén especializados en un campo de traducción concreto. Es importante crear una forma de expresión y de formato pactada previamente con el cliente. A esto se suma la generación de un estilo único que se adapte a las necesidades del cliente.

Para poder crear un guía de estilo es importante definirla. Numerosos detalles como la alineación de los textos (derecha, centrada e izquierda), las cursivas, las negritas, las mayúsculas, el sangrado, la tabulación y la jerarquía de los niveles en la puntuación, entre otros hacen muy importante que el cliente y la agencia de traducción los definan previamente antes de entregar textos sin saber cuáles son las necesidades del cliente.

Por ello, es recomendable que al empezar a trabajar por primera vez con un cliente creemos una guía de estilo que se adapte a lo que busca. En caso de que el cliente no lo tenga claro, le debemos orientar para que al realizar nuestra documentación traducida no se encuentre con algo que no esperaba.

Es necesario elaborar glosarios de terminología correspondiente a encargos de traducción que nos solicita nuestro cliente. Una vez hechos estos glosarios, debemos enviarlos al cliente y que nos los vise o proponga alternativas para todo aquello con lo que no esté conforme. De esta forma conseguiremos traducir con la seguridad de que nuestro cliente está de acuerdo con el estilo de trabajo y la terminología que utilizamos para sus encargos.