Un diccionario contiene todas las distintas posibles traducciones de un término, mientras que el traductor capta la idea del término y la transmite en el idioma de destino.

Esto resulta en que hay muchas palabras, matices, ideas que no se pueden traducir usando únicamente el diccionario, sino que hay que aplicar el conocimiento cultural tanto del idioma de origen como del de destino.

Para poder interpretar correctamente el significado cada palabra es importante. Es por eso que la mejor forma de contabilizar una traducción es por palabra de texto origen ya que son las que tiene que procesar el traductor para poder transmitir el mensaje a los destinatarios en el idioma destino.

Suele ocurrir que se pida que no se cobre, por ejemplo, por la traducción de números o artículos porque los primeros son iguales en los dos idiomas y los segundos carecen de un significado propio. Sin embargo, resulta que hay que copiar los números con mucho cuidado, además de revisarlos a fondo y en muchas ocasiones incluso adaptar el formato en el idioma destino, como en caso de las fechas,  cambiar libras por kilos o el formato de decimales y millares. Un ejemplo: en traducciones médicas, técnicas, manuales cualquier mínimo error en el número y puede pasar que le des una sobredosis a un paciente o te pases de peso o de medidas al construir maquinaria delicada. Estos no parecen errores sin importancia, ¿no?

El hecho de cobrar por todas las palabras, ya sean números, artículos o cualquier otra palabra, símbolo o carácter que a simple vista parezca que carece de importancia es para garantizar la calidad, porque lo que se paga es lo que se va a traducir y a revisar. Si no se paga el servicio, no se realiza y no hay garantía de calidad.