Un aspecto muy importante que hay que tener en cuenta en la traducción es la adaptación cultural. Según el objetivo de la traducción hay que mantener toda la información del texto original o adaptarla a la cultura de los destinatarios.

Un contexto en el que hay que ser fiel al original es, por ejemplo, el legal. Si se trata de traducir un contrato, no se puede adaptar la información a la cultura del idioma de destino ya que de esta manera podría afectar a las condiciones del contrato, es decir, si se mencionan volúmenes de dinero en dólares canadienses, no se pueden cambiar por euros o cualquier otra moneda.

Sin embargo, esto cambia en otros contextos como en el marketing o la literatura. Si queremos por ejemplo llamar la atención para atraer nuevos clientes, venderles un producto  o hacer que se sientan identificados con el texto (mensaje) en cuestión, es preciso adaptar distintos conceptos a su cultura. De esta manera no se sentirán ajenos al texto o al producto.

Digamos por ejemplo que una marca de ropa americana quiere distribuir su moda en un país europeo. Un factor importante que hay que tener en cuenta es que las tallas son diferentes. A un español por ejemplo no le dice mucho que la talla de los zapatos sea un 5, un 6 o un 7. Otra unidad que habría que convertir para adaptarse al cliente es la moneda. Para valorar si comprar un producto o no, un factor determinante es el precio; pues conviene que el cliente sepa cuanto le va a costar sin tener que hacer cálculos para conocer el precio en su moneda.

Además de las unidades, también hay conceptos que requieren adaptación Cuando se acerca el final de año, a menudo se aprovecha la navidad como marketing para vender juguetes. Si se elige esta estrategia, más vale asegurarse de que en la cultura se celebre esta tradición.