Sabemos que existen la lengua española, inglesa, alemana, francesa o china y todas las que se nos ocurran. Aprendemos unas cuantas, las dominamos y a traducir; tan fácil es, ¿o no?

Ese concepto tan amplio divide las lenguas según los países a los que pertenecen; o sea una cuestión meramente política. La Real Academia Española define la palabra ‘lengua’ como un «sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana». Desde esta definición se puede interpretar de nuevo que las lenguas pertenecen a países ya que no podemos negar que un país es ‘una comunidad humana’. Pero el concepto de comunidad no termina con las fronteras de un país. La RAE confirma esta posición al definir la comunidad entre otras cosas como un «conjunto de personas vinculadas por características o intereses comunes».  En otras palabras, según estas definiciones una lengua puede ser propia de un grupo de personas mucho más reducido que el que constituye un país y a su vez pasar las fronteras.

Los sociolingüistas defienden la posición de la existencia de infinitas variedades lingüísticas. Las mencionadas ‘comunidades humanas’ pueden consistir en concordancias geográficas; ya sea continentales como entre España y Latinoamérica o de un pueblo a otro; sociales, por género, por edad, por especialidad, etcétera.

Por lo tanto podemos concluir que hay diversos lenguajes según las diferencias entre dichas comunidades.

Para volver a la pregunta inicial sobre lo que diferencia al traductor especializado del bilingüe: el traductor no solo domina las lenguas, sino también es imprescindible que domine el lenguaje propio de la especialidad en cuestión.