La traducción presenta siempre innumerables obstáculos y complicaciones que en muchas ocasiones no sabemos cómo enfrentar. Uno de estos problemas que podemos encontrar prácticamente en todas las traducciones son los nombres propios.  Hay muchos tipos de nombres propios (eso ya lo sabemos todos) como los nombres de personas, lugares, nombres de empresas, de productos, etc. A menudo puedes encontrar estos nombres en las traducciones y dudar si se traducen o no.

Generalmente, no se traducen, pero como siempre en esta vida, hay excepciones para todo.  Por ejemplo, los nombres propios de personas; podemos pensar que nunca se traducen ya que por mucho que cambie el idioma, esa persona no se cambia de nombre cada vez que va a un lugar con un idioma diferente, aunque como excepción están los asiáticos que suelen adaptar su nombre para hacérselo más fácil a los occidentales. Sin embargo, también hay otras excepciones. En la traducción literaria puede ser más lógico y útil traducir el nombre de ciertos personajes, ya que suelen ser nombres escogidos a propósito, no al azar porque así lo quiso el escritor. Muchos están escogidos con un propósito, normalmente hacen referencia a alguna característica del personaje como su carácter o su físico. Por ejemplo, en los famosos cómics de Astérix y Obélix, el escritor no eligió estos nombres porque sí: Astérix hace referencia a “asterisco” debido al pequeño tamaño del personaje; en cambio, Obélix hace referencia a un “obelisco” por el gran tamaño que representa este monumento el cual va acorde con el tamaño de Obélix. Otro ejemplo de nombres con significado es el de Scar, el tío de Simba en el Rey León, al cual le eligieron este nombre por la cicatriz que lleva. En los libros de Harry Potter también los nombres tienen su significado:  Albus Dumbledor (Albus es blanco en latín); Malfoy (en francés  “mal foi” significa mala fe). Estos nombres no fueron traducidos en su momento al español, en cambio sí se tradujeron en otros idiomas para adaptar el significado. Como conclusión, no existe ninguna regla que hay que seguir obligatoriamente, queda siempre a merced del cliente o del traductor.