Oír y escuchar son dos verbos que suelen crear problemas al traductor a la hora de traducir hacia su idioma materno.

El problema es que hasta los españoles se confunden en su uso y cada vez se usa más el segundo verbo con el sentido del primero.

Como dice el lexicógrafo Martínez de Sousa: “Para oír sólo es necesario tener oídos sanos, pero para escuchar, debe prestarse atención, debe «querer oírse»”.

Por eso el traductor tiene que prestar mucha atención a estos pequeños detalles y al contexto en el que están incluidos, a la hora de trasladar el mismo sentido del mensaje original al texto traducido.